¿Qué es la Divina Misericordia?

Es más que una devoción, es un Culto, una Espiritualidad para estos tiempos.

Porque nos presenta un modelo de perfección cristiana, basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

A través de esta espiritualidad, Dios quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que acudamos a Él con Confianza, a recibir Su misericordia y que seamos Misericordiosos, con Obras, Palabras y Oraciones.

El Señor Jesús escogió a Sor Faustina Kowalska, como Su Secretaria y Apóstol de la Misericordia, para que recuerde al mundo Su gran mensaje de Amor y Misericordia. El mensaje es que: Dios nos ama a todos, sin importar la magnitud de nuestros pecados, y desea derramar su infinita misericordia sobre toda la humanidad.

María Madre de la Misericordia

“María fue la primera en experimentar de una manera única la misericordia de Dios, al ser preservada del pecado original y dotada con la plenitud de la gracia, para convertirse en la Madre del Hijo de Dios. En el momento de la Anunciación, Ella consintió en ser la Madre de Dios expresando el asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación; luego, en Belén, dio a luz al Hijo de Dios y durante toda su vida participó en la revelación, a través del Hijo, del misterio de la misericordia de Dios, hasta llegar al sacrificio que ofreció al pie de la Cruz. Por eso, María, es aquella que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina, pues sabe su precio y sabe cuán alto es”. (San Juan Pablo II, encíclica: DIVES IN MISERICORDIA, N° 9).

María es también la Madre de la Misericordia porque dio  a Jesús al mundo, la revelación encarnada de la misericordia de Dios (San Juan Pablo II, encíclica VERITATIS SPLENDOR, N° 118).

Su maternidad, en el orden de la gracia y a favor de todos los hombres, se ha mantenido sin cesar en todos los tiempos, como señala el Concilio Vaticano II: “pues una vez recibida en los Cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos, por su múltiple intercesión, los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado, hasta que sean llevados a la Patria feliz” (Concilio Vaticano II, LUMEN GENTIUM N° 62).

Así como la acción de María está oculta en breves pero profundos y decisivos pasajes de los Evangelios, de la misma manera en el Diario de Sor Faustina, la Virgen María aparece en muy breves ocasiones. Sin embargo, también el rol de la Madre de Dios es el de los Evangelios: llevar a los hombres a la fuente de la misericordia.

Luego de varios años de estudio y difusión de la Divina Misericordia, podemos entrever que toda esta obra es un don de Dios para la humanidad actual conseguido por la mediación maternal de la Virgen María: “vi al Señor Jesús como Rey en gran majestad mirando nuestra Tierra, con una mirada severa, pero la súplica de Su Madre prolongó el tiempo de la misericordia” (D. 1261). La Divina Misericordia, esta manifestación divina sublime, que nos muestra la inconcebible Misericordia de Dios, que suplica al hombre adorar Su Misericordia y que nos pide suplicarla para nosotros y para los demás, es un don inmerecido y demasiado grande como para no percibir el perfume de la acción de la gran mediadora de las gracias y Madre de la Misericordia.

En las citas del Diario, la Virgen María confirma la misión de Faustina y los últimos tiempos: tú debes hablar al mundo de Su gran misericordia y preparar al mundo para Su segunda venida”. (D. 635). Además, y pese a las breves frases en que la menciona, la Virgen María es vivamente necesaria para el itinerario espiritual de sor Faustina: “cuanto más imito a la Virgen, tanto más profundamente conozco a Dios” (D. 843).

Pocos años antes de fallecer, Juan Pablo II dijo públicamente que el día de su muerte se encomendaba a la Madre de Dios y a la Divina Misericordia. De hecho, él entregó su vida al Padre el 2 de abril de 2005, a las 21:35hs (hora de Roma); era el primer sábado de mes (día mariano por excelencia) y primeras vísperas de la Fiesta de la Divina Misericordia. Su testimonio de vida y de muerte fueron una síntesis de la perfecta unidad entre la devoción a la Divina Misericordia (que él tanto promovió) y la devoción a la Santísima Virgen.

La Virgen María en el Diario de santa Faustina

A continuación, ofrecemos en orden ascendente los numerales del Diario de sor Faustina más relevantes sobre la Santísima Virgen María:

Comparto tu dolor

“Durante la noche me visitó la Madre de Dios con el Niño Jesús en brazos. La alegría llenó mi alma y dije: María, Madre mía, ¿sabes cuánto sufro? Y la Madre de Dios me contestó: Yo sé cuánto sufres, pero no tengas miedo, porque Yo comparto contigo tu sufrimiento y siempre lo compartiré. Sonrió cordialmente y desapareció” (D. 25).

En unión con María

“Una vez oí estas palabras: ve a la Superiora y pide que te permita hacer todos los días una hora de adoración durante 9 días; en esta adoración, intenta unir tu oración con Mi Madre. Reza con todo corazón en unión con María, también trata de hacer el Vía Crucis en este tiempo. Recibí el permiso, pero no para una hora entera, sino para el tiempo que me permitían los deberes” (D. 32). “Debía hacer aquella novena por intención de mi Patria. En el séptimo día vi a la Madre de Dios entre el Cielo y la Tierra, con una túnica clara. Rezaba con las manos junto al pecho, mirando hacia el Cielo. Desde du Corazón salían rayos de fuego, algunos se dirigían al Cielo y otros cubrían nuestra tierra” (D. 33).

Pureza intacta

“…de repente, el Señor Jesús se puso a mi lado, vestido con una túnica blanca, ceñido con un cinturón de oro y me dijo: te concedo amor eterno para que tu pureza sea intacta y para confirmar que nunca experimentarás tentaciones impuras. Jesús se quitó el cinturón de oro y ciñó con él mis caderas. Desde entonces no experimento ningunas turbaciones contrarias a la virtud, ni en el corazón, ni en la mente. Después comprendí que era una de las gracias más grandes que la Santísima Virgen María obtuvo para mí, ya que durante muchos años le había suplicado recibirla. A partir de aquel momento tengo mayor devoción a la Madre de Dios. Ella me ha enseñado a amar interiormente a Dios y cómo cumplir Su Santa Voluntad en todo. María, Tú Eres la alegría, porque por medio de Ti, Dios descendió a la tierra y a mi corazón” (D. 40).

Todo en tus manos

“Oh María, Madre y Señora mía. Te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mi vida y mi muerte y todo lo que vendrá después de ella. Pongo todo en tus manos, oh mi Madre. Cubre mi alma con tu manto virginal y concédeme la gracia de la pureza de corazón, alma y cuerpo. Con tu poder defiéndeme de todo enemigo, especialmente de aquellos que esconden malicia bajo una máscara de virtud. Oh espléndida azucena, Tú Eres mi espejo, oh mi Madre” (D. 79).

Enséñame a vivir en Dios

“Oh Madre de Dios, tu alma estuvo sumergida en el mar de amargura, mira a tu niña y enséñale a sufrir y a amar en el sufrimiento. Fortalece mi alma, para que el dolor no la quebrante. Madre de la gracia, enséñame a vivir en Dios” (D. 315).

Ante el sufrimiento

“Una vez me visitó la Virgen Santísima. Estaba triste, con los ojos clavados en el suelo; me dio a entender que tenía algo que decirme, pero por otra parte, me daba a conocer como si no quisiera decírmelo. Al darme cuenta de ello, empecé a pedir a la Virgen que me lo dijera y que volviera la mirada hacia mí. En un momento María me miró sonriendo cordialmente y dijo: vas a padecer ciertos sufrimientos a causa de una enfermedad y de los médicos, además padecerás muchos sufrimientos por esta Imagen, pero no tengas miedo de nada. Al día siguiente me puse enferma y sufrí mucho, tal como me lo había dicho la Virgen, pero mi alma está preparada para los sufrimientos. El sufrimiento es el compañero de mi vida” (D. 316).

Exijo de ti oración

“Poco después vi a la Virgen que era de una belleza indescriptible y que me dijo: hija mía, exijo de ti oración, oración y una vez más oración por el mundo y, especialmente, por tu Patria. Durante 9 días recibe la Santa Comunión reparadora, únete estrechamente al sacrificio de la Santa Misa. Durante estos 9 días estarás delante de Dios como una ofrenda, en todas partes, continuamente, en cada lugar y en cada momento, día y noche, cada vez que despiertes, ruega interiormente. Es posible orar interiormente sin cesar” (D. 325).

Madre de los sacerdotes

“Al final de la novena vi a la Virgen con el Niño en los brazos y vi también a mi confesor que estaba arrodillado a sus pies y hablaba con Ella. No entendía lo que hablaba con la Virgen, porque estaba ocupada en hablar con el Niño Jesús, que había bajado de los brazos de la Santísima Madre y se acercó a mí. No dejaba de admirar su belleza. Oí algunas palabras que la Virgen le decía, pero no oí todo. Las palabras son estas: Yo no soy sólo la Reina del Cielo, sino también la Reina de la misericordia y tu Madre. En ese momento extendió la mano derecha en la que tenía el manto y cubrió con él al sacerdote. En ese instante, la visión desapareció” (D. 330).

El alma más querida

“…rezaba a la Santísima Madre, diciéndole que me es difícil separarme de la Congregación que está bajo su protección especial, oh María. Entonces vi a la Santísima Virgen, indeciblemente bella, que se acercó a mí, del altar a mi reclinatorio y me abrazó y me dijo estas palabras: Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios. El alma más querida para mí es aquella que cumple fielmente la Voluntad de Dios. Me dio a entender que cumplo fielmente todos los deseos de Dios y así he encontrado la gracia ante sus ojos. Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás” (D. 449).

Comportarme como Ella

“…en aquel templo vi a la Santísima Virgen con el Niño en los brazos. Luego el Niño Jesús desapareció de los brazos de la Virgen y vi una imagen viva de Jesús crucificado. La Virgen me dijo que me comportara como Ella: a pesar de los gozos, siempre mirara fijamente la Cruz y me dijo también que las gracias que Dios me concedían no eran solamente para mí sino también para otras almas” (D.561).

Por sus privilegios

“El día de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Durante la Santa Misa oí el susurro de ropas y vi a la Santísima Virgen en un misterioso, bello resplandor. Tenía una túnica blanca con una faja azul y me dijo: ‘me das una gran alegría adorando a la Santísima Trinidad por las gracias y los privilegios que me ha concedido’, y desapareció enseguida” (D.564).

Cómo vivir para Dios

“María es mi instructora que me enseña siempre cómo vivir para Dios. Mi espíritu resplandece en Tu dulzura y humildad, oh María” (D.620).

Vida similar a la Mía

“Por la noche, mientras rezaba, la Virgen me dijo: ‘su vida debe ser similar a la Mía, silenciosa y escondida; deben unirse continuamente a Dios, rogar por la humanidad y preparar al mundo para la segunda venida de Dios’” (D.625).

El día de la ira divina

“Durante la meditación matutina me envolvió la presencia de Dios de modo singular, mientras reflexionaba sobre la grandeza infinita de Dios y, al mismo tiempo, sobre su condescendencia hacia la criatura. Entonces vi a la Santísima Virgen que me dijo: ‘oh, cuán agradable es para Dios el alma que sigue fielmente la inspiración de Su gracia. Yo di al mundo el Salvador y tú debes hablar al mundo de Su gran misericordia y preparar al mundo para Su segunda venida. Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. Oh, qué terrible es ese día. Establecido está ya el día de la Justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante ese día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea aún el tiempo para conceder la misericordia. Si ahora tú callas, en aquel día tremendo responderás por un gran número de almas. No tengas miedo de nada, permanece fiel hasta el fin, yo te acompaño con mis sentimientos’” (D.635).

Ser como una niña

“Durante la Santa Misa celebrada por el Padre Andrasz, un momento antes de la elevación, la presencia de Dios penetró mi alma y que fue atraída hacia el altar. Luego vi a la Santísima Virgen con el Niñito Jesús. El Niño Jesús se tenía de la mano de la Virgen; en un momento el Niño Jesús corrió alegremente al centro del altar y la Santísima Viren me dijo: ‘mira con qué tranquilidad confío a Jesús en sus manos, así también tú debes confiar tu alma y ser como una niña frente a él’. Después de estas palabras mi alma fue llenada de una misteriosa confianza. La Santísima Virgen vestía una túnica blanca, singularmente blanca, transparente, sobre la espalda tenía un manto transparente de color del cielo, es decir como el azul, la cabeza descubierta, el cabello sueldo; espléndida e indeciblemente bella. La Santísima Virgen miraba al sacerdote con gran benevolencia” (D.677).

Si no hubiera estado la Virgen

“Por la noche vi a la Santísima Virgen con el pecho descubierto, traspasado por una espada. Lloraba lágrimas ardientes y nos protegía de un tremendo castigo de Dios. Dios quiere infligirnos un terrible castigo, pero no puede porque la Santísima Virgen nos protege. Un miedo tremendo atravesó mi alma, ruego sin cesar por Polonia, por mi querida Polonia que es tan poco agradecida a la Santísima Virgen. Si no hubiera estado la Santísima Virgen, para muy poco habrían servido nuestros esfuerzos. Multipliqué mi empeño en las plegarias y sacrificios por mi querida patria, pero veía que era una gota frente a una oleada del mal. ¿Cómo una gota puede detener una oleada? Oh, sí, una gota por sí sola es nada, pero Contigo, Jesús, con valor haré frente a toda la oleada del mal e incluso al infierno mismo. Tu omnipotencia puede todo” (D.686).

Siete espadas de dolor

“…mientras continuaba contemplando esta especie de mezcla del sufrimiento y de la gracia, oí la voz de la Santísima Virgen: ‘has de saber, hija mía, que a pesar de ser elevada a la dignidad de la Madre de Dios, siete espadas dolorosas me han traspasado el Corazón. No hagas nada en tu defensa, soporta todo con humildad, Dios mismo te defenderá’” (D.786).

Humildad y amor

“Hoy, durante la Santa Misa, estuve particularmente unida a Dios y a Su Madre Inmaculada. La humildad y el amor de la Virgen Inmaculada penetraron mi alma. Cuanto más imito a la Santísima Virgen, tanto más profundamente conozco a Dios” (D.843).

Resistir las pruebas

“Oh María, hoy una espada terrible ha traspasado tu santa alma. Nadie sabe de tu sufrimiento, excepto Dios. Tu alma no se quebranta, sino que es valiente porque está con Jesús. Dulce María, une mi alma a Jesús, porque sólo entonces podré resistir a todas las pruebas y tribulaciones y sólo mediante la unión con Jesús, mis pequeños sacrificios complacerán a Dios. Dulcísima Madre, continúa enseñándome sobre la vida interior. Que la espada del sufrimiento no me abata jamás. Oh, Virgen pura, derrama valor en mi corazón y protégelo” (D.915).

Preparar la Comunión

“Hoy sentí la cercanía de mi Madre, la Madre Celestial. Antes de cada Santa Comunión ruego fervorosamente a la Madre de Dios que me ayude a preparar mi alma para la llegada de su Hijo y siento claramente su protección sobre mí. Le ruego mucho que se digne incendiar en mí el fuego del amor divino con el que ardía su puro Corazón en el momento de la Encarnación del Verbo de Dios” (D.1114).

Cumplir la Voluntad de Dios

“Durante ese acto que se realizó en honor de la Santísima Virgen, al final de ese acto vi a la Santísima Virgen que me dijo: ‘oh, qué grato es para mí el homenaje de su amor’. Y en ese mismo instante cubrió con su manto a todas las hermanas de nuestra Congregación. Con la mano derecha estrechó a la Madre General Micaela y con la izquierda a mí, y todas las hermanas estaban a sus pies cubiertas con su manto. Luego la Santísima Virgen dijo: ‘cada una que persevere fielmente hasta la muerte en mi Congregación, evitará el fuego del purgatorio y deseo que cada una se distinga por estas virtudes: humildad y silencio, pureza y amor a Dios y al prójimo, compasión y misericordia’. Después de estas palabras desapareció toda la Congregación, me quedé sola con la Santísima Virgen que me instruyó sobre la Voluntad de Dios, cómo aplicarla en la vida sometiéndome totalmente a Sus santísimos designios. Es imposible agradar a Dios sin cumplir Su Santa Voluntad. ‘Hija mía, te recomiendo encarecidamente que cumplas con fidelidad todos los deseos de Dios, porque esto es lo más agradable a Sus santos ojos. Deseo ardientemente que te destaques en esto, es decir, en la fidelidad en cumplir la Voluntad de Dios. Esta Voluntad de Dios anteponla a todos los sacrificios y holocaustos’. Mientras la Madre Celestial me hablaba, en mi alma entraba un profundo entendimiento de la Voluntad de Dios” (D.1244).

Humildad, pureza y amor

“Solemnidad a la Inmaculada Concepción. Antes de la Santa Comunión he visto a la Santísima Madre de una belleza inconcebible. Sonriéndome me dijo: ‘hija mía, por mandato de Dios, he de ser tu Madre de modo exclusivo y especial, pero deseo que también tú seas mi hija de modo especial. Deseo, amadísima hija mía, que te ejercites en tres virtudes que son mis preferidas y que son las más agradables a Dios: la primera es la humildad, humildad y todavía una vez más humildad. La segunda es la pureza; la tercera es el amor a Dios. Siendo mi hija tienes que resplandecer de estas virtudes de modo especial’. Tras la conversación me abrazó a su Corazón y desapareció” (D.1414 y 1415).

Olvidarse de sí mismo

“Cuando me quedé a solas con la Santísima Virgen, me instruyó sobre la vida interior. Me dijo: ’la verdadera grandeza del alma consiste en amar a Dios y humillarse en Su presencia, olvidarse por completo de sí mismo y tenerse por nada, porque el Señor es grande, pero se complace sólo en los humildes, mientras rechaza siempre a los soberbios"(D.1711).

 

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¿Quién era? Importancia. El Diario de Santa Faustina 

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos en la familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de Głogowiec.

En el santo bautizo, se le impuso el nombre de Elena.

Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran sensibilidad ante la pobreza humana. A los 9 años recibió la Primera Comunión. La vivió muy profundamente, consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para, trabajar de empleada doméstica en casas de familias acomodadas, mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.

Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada a la vida religiosa, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de 1925 entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde, como sor María Faustina, vivió trece años. Trabajó en distintas casas de la Congregación. Pasó los períodos más largos en Cracovia, Płock y Vilna cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.

Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la Divina Misericordia, que ella meditaba en la Palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de su vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la Divina Misericordia desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia Dios y la caridad hacia el prójimo.

Oh Jesús mío – escribió - cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242).

Sor Faustina era una fiel hija de la Iglesia a la que amaba como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia, colaboró con la Divina Misericordia en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este propósito se ofreció como víctima cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida espiritual se caracterizó por el amor a la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de profecía y de desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la Santísima Madre, con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el mundo que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son éstas las que determinan la santidad. En el Diario escribió: Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios (Diario 1107).

La misión de sor Faustina consiste en 3 tareas:

1)    Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

2)    Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús:

1.      La imagen de la Divina Misericordia

2.      La fiesta de la Divina Misericordia,

3.      La coronilla a la Divina Misericordia y

4.      La Hora de la Misericordia (las tres de la tarde).

A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

3)    La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la Santa sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él.

Sor Faustina extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia y a medida de las gracias alcanzadas por su intercesión.

 

 

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San Juan Pablo II: Vida y su importancia para la Devoción

Karol Józef Wojtyla, nació en Wadowice (Polonia) el 18/05/1920 y fue el menor de los tres hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska, que falleció en 1929.

A los 9 años recibió la 1ra. Comunión y a los 18 el sacramento de la Confirmación. Terminados los estudios en la escuela superior de Wadowice, en 1938 se inscribió en la Universidad Jagellónica de Cracovia.

Cuando las fuerzas de ocupación nazis cerraron la Universidad en 1939, el joven Karol trabajó (1940-1944) en una cantera y luego en la fábrica química Solvay para poder subsistir y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, sintiéndose llamado al sacerdocio, asistió a los cursos de formación del seminario mayor clandestino de Cracovia. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.

Después de la guerra, continuo sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal, en Cracovia, el 01/11/1946. Después fue enviado a Roma, donde obtuvo el doctorado en teología (1948).

El 04/07/1958, el Papa Pío XII lo nombró Obispo Auxiliar de Cracovia, y el 13/01/1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por el Papa Pablo VI, que lo creó Cardenal el 26/06/1967.

Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), contribuyendo especialmente en la elaboración de la constitución Gaudium et spes.

Fue elegido Papa el 16/10/1978 y el 22/10 dio inicio a su ministerio como Pastor Universal de la Iglesia.

El 13/05/1981, en la Plaza de San Pedro, sufrió un grave atentado. Salvado por la mano maternal de la Madre de Dios, tras una larga convalecencia, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad.

Murió en Roma, en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado 02/04/2005, a las 21h 37m, la víspera del Domingo in Albis o de la Divina Misericordia, fiesta instituida por él.

En 1938, cuando el joven de 18 años, Karol Wojtyla, llegó a Cracovia para estudiar en la Universidad, Sor Faustina ya tenía 33 años y vivía en un convento de la ciudad. La Santa falleció el 5 de octubre de aquel año.

Aunque nunca se conocieron, la providencia unió sus caminos: Siendo Arzobispo de Cracovia, entre los años 1965-67 ordenó se lleve a cabo el proceso informativo sobre la vida de Sor Faustina y sus virtudes y en 1968 se abrió en Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de 1992.

El 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina. Y la canonizó el 30 de Abril del año 2000 y estableció el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina” para toda la Iglesia. 

El Santo Padre Juan Pablo II manifestó: (Homilía del Santo Padre JUAN PABLO II - Domingo 30 de abril de 2000): “Jesús dijo a sor Faustina:  "La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina" (Diario, p. 132). A través de la obra de la religiosa polaca, este mensaje se ha vinculado para siempre al siglo XX, último del segundo milenio y puente hacia el tercero. No es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.  Y tú, Faustina, don de Dios a nuestro tiempo, don de la tierra de Polonia a toda la Iglesia, concédenos percibir la profundidad de la misericordia divina, ayúdanos a experimentarla en nuestra vida y a testimoniarla a nuestros hermanos. Que tu mensaje de luz y esperanza se difunda por todo el mundo, mueva a los pecadores a la conversión, elimine las rivalidades y los odios, y abra a los hombres y las naciones a la práctica de la fraternidad. Hoy, nosotros, fijando, juntamente contigo, nuestra mirada en el rostro de Cristo resucitado, hacemos nuestra tu oración de abandono confiado y decimos con firme esperanza:  "Cristo, Jesús, en ti confío".

Además, y de modo especial, ha sido el Papa Juan Pablo II quien, ha avalado incesantes veces esta espiritualidad. Recordemos:

1. Dedicó su segunda encíclica a este tema: “Rico en Misericordia”.

2. Afirmó que, desde el comienzo de su pontificado, este mensaje fue su “tarea particular” asignada por la Providencia de Dios.

3. Afirmó que fuera de la misericordia de Dios, “no existe otra fuente de esperanza para el hombre, y que “de nada tiene tanta necesidad la humanidad como de la misericordia de Dios”.

4. Recalcó que actualmente, es uno de los deberes principales de la Iglesia, proclamar el mensaje de la Misericordia manifestado en Jesucristo.

5. Realizó la consagración de la humanidad entera a la Divina Misericordia en el Santuario de Lagiewniki, dedicado a esta devoción.

6. En sus discursos y homilías, afirmó el origen divino de las revelaciones: “De aquí ha partido el mensaje de la Divina Misericordia que Cristo mismo quiso transmitir a nuestra generación a través de la beata Faustina”.

7. Decretó se concediese indulgencia plenaria a los fieles que, el segundo domingo de Pascua, realizasen actos de culto en honor de la Divina Misericordia. El decreto de indulgencias cita expresamente el culto a la imagen de la Divina Misericordia y la jaculatoria que está escrita a los pies de la imagen: “Jesús, confío en ti”. A este decreto le concedió vigor perpetuo, por encima de cualquier disposición contraria a él.

Pareciera como si el mismo Dios hubiera sellado con su Providencia el valor de todo este anuncio infatigable, coronando la vida del Santo Padre con su muerte, en la víspera de la fiesta de la Divina Misericordia. Con razón lo podemos llamar el gran apóstol de la Divina Misericordia.

¿ Quién es el Beato Miguel Sopocko?  (1888-1975) 

“Escribe que día y noche Mi mirada descansa sobre  él y permito estas contrariedades para multiplicar sus méritos.  Yo no recompenso por el resultado positivo sino por la paciencia y el trabajo emprendido por Mí” (D. 86).

“En su corona habrá tantas coronas, cuántas almas se salvarán a través de esta obra” (D.90).

“A los pies del Señor Jesús vi a mi confesor y detrás de él a un gran número de eclesiásticos de alto rango, con ropa que nunca había visto, salvo la visión. Y detrás de ellos varias clases de eclesiásticos; más allá vi una multitud tan grande que no pude abarcar con la vista. Vi saliendo de la Hostia estos dos rayos que están en la imagen, que se unieron estrechamente, pero no se confundieron y pasaron a las manos de mi confesor, y después a las manos de los eclesiásticos y de sus manos pasaron a las manos de la gente, y volvieron a la Hostia” (D.344).

El beato padre Miguel Sopoćko, confesor y director espiritual de sor Faustina, a través de su penitente, entró en relación directa con el misterio de las revelaciones de Jesús Misericordioso a sor Faustina. Dios le encargó un papel muy importante, el de la realización de la misión de sor Faustina. A esa obra dedicó casi toda su vida.

Miguel Sopoćko nació el 1 de noviembre de 1888, en Nowosady, la región de Vilna (Lituania) en una familia noble que cuidaba mucho las tradiciones patrióticas. A pesar de las duras condiciones de vida, sus padres le proporcionaron educación primaria. La actitud moral de sus padres, su profunda religiosidad y el amor paternal influyeron en un desarrollo espiritual adecuado para Miguel y sus hermanos. El ambiente religioso que se respiraba en casa de los Sopoćko despertó en Miguel, ya desde la tierna infancia, una religiosidad ardiente y el deseo de dedicarse al servicio de Dios mediante el sacerdocio. 

En 1910, el joven Sopoćko comenzó 4 años de estudios en el Seminario Conciliar de Vilna, formación que pudo continuar gracias a la subvención concedida por el rector. El 15 de junio de 1914 fue ordenado sacerdote. 
Ya como sacerdote, Sopoćko fue destinado a trabajar de vicario en la parroquia de Taboryszki, cerca de Vilna. Aparte de las responsabilidades habituales pidió permiso para impartir catequesis dominical a adolescentes. El primer año de trabajo pastoral fue coronado con la celebración de la Primera Comunión recibida por 500 niños. 

En verano de 1915, el frente de la guerra alemano-rusa pasó por Taboryszki. A pesar de los peligros continuos causados por la guerra, el P. Sopoćko celebraba Misa y participaba en la vida de los feligreses. Organizaba también la enseñanza abriendo escuelas para niños en los pueblos vecinos. Más adelante, esta práctica se convirtió en motivo de persecuciones por parte de las autoridades ocupantes alemanas. Al principio, las autoridades se mostraban muy tolerantes con las prácticas del P. Sopoćko; incluso apoyaban económicamente. Sin embargo, con el paso del tiempo, las autoridades alemanas empezaron a impedir al P. Sopoćko sus viajes a Vilna, cuyo objetivo era traer profesores a las escuelas que abría. De esta manera, el Padre Miguel fue obligado a abandonar Taboryszki.

En 1918, Padre Sopoćko recibió de las autoridades eclesiásticas de Vilna el permiso para ir a Varsovia a cursar estudios en la facultad de Teología de la Universidad. Desgraciadamente la enfermedad y la situación política en Polonia le impidieron empezar la carrera. Cuando después del tratamiento médico el P. Sopoćko volvió a Varsovia con la intención de empezar su educación, resultó que la universidad se había cerrado a causa de la guerra. Así que el Padre Miguel se incorporó como voluntario al servicio pastoral militar. El Obispo Castrense del Ejército Polaco le nombró capellán militar y le destinó al hospital de campaña que se estaba formando en Varsovia. Después de un mes de servicio en el hospital, pidió el traslado al frente. Entonces fue destinado al regimiento militar, en Vilna, donde empezó inmediatamente su servicio pastoral entre los soldados que combatían en el frente.

A parte del ministerio sacramental, ayudaba a los heridos, quienes carecían de servicio hospitalario y se encontraban en unas condiciones muy difíciles. Después de una marcha muy larga y pesada, junto con el ejército combatiente, P. Sopoćko volvió a sufrir problemas de salud. A causa de ello, fue enviado a someterse a un tratamiento en un hospital militar, donde, mientras se estaba recuperando, durante varias semanas ayudaba y velaba por el espíritu de los enfermos. Cuando terminó el tratamiento le asignaron la función de capellán en el Campo de Entrenamiento para oficiales en Varsovia. 

Sus deberes eran: dar charlas semanales de índole religioso-moral para los oficiales y suboficiales de las diversas formaciones y servir en dos hospitales militares. Durante las conferencias tocaba temas de dogmática e historia de la Iglesia. Comentaba el catecismo y hablaba sobre temas referentes al servicio militar. La problemática religioso-moral y patriótica de la que hablaba durante las clases era altamente valorada por sus superiores. El Ministerio de Guerra lo publicó todo, obligando a los oficiales y a los reclutas de todos los destacamentos a familiarizarse con su contenido. 

En octubre de 1919, a pesar de la guerra, abrieron las puertas de la universidad. El Padre Sopoćko se matriculó en la sección de teología moral y en los cursos de derecho y filosofía. A partir de ese momento tuvo que dividir su tiempo entre los estudios y su servicio en el ejército. 


Adicionalmente se encargaba de la organización de diversas actividades sociales. Velaba por el buen funcionamiento de la Ayuda Militar Fraternal (fue su presidente), de la posada militar y de la escuela para los huérfanos de las familias militares.

En verano de 1920 fue testigo de la caída del frente, y un poco más tarde, ya en Varsovia, vivió la heroica defensa de la capital y la exitosa resistencia contra la ofensiva soviética.

Después de muchos años, P. Sopoćko comentará en sus “Memorias” este acontecimiento como una voluntad sobrenatural de la Divina Providencia y una señal de la Divina Misericordia para Polonia, gracia alcanzada con las oraciones de los fieles, quienes en agosto llenaban las iglesias para rogar a Dios. 

Además de ejercer las funciones de capellán militar y estudiar teología moral, empezó también estudios complementarios en el Instituto Pedagógico Superior. En 1923 obtuvo el título de licenciado en teología y se dedicó a la pedagogía de forma más profunda. Los resultados de las investigaciones referentes a la mala influencia del alcohol en el desarrollo de los talentos de los adolescentes se convirtieron en la base para su tesis de graduación: “Alcoholismo y los adolescentes escolares”, que coronó la carrera del P. Sopoćko en el Instituto de Pedagogía.

El Obispo de Vilna, Jerzy Matulewicz, al conocer los méritos y la preparación teológica y pedagógica del padre capellán, tenía la intención de invitarlo a trabajar en la diócesis. Al principio, quería encargarle la organización de la pastoral de la juventud extraescolar. El Padre Miguel aceptó la propuesta del Obispo y volvió a Vilna.

La decisión formal se tomó en otoño de 1924, según la cual P. Sopoćko fue nombrado Director del Servicio Pastoral del Distrito Militar de Vilna, que abarcaba 12 unidades autónomas formadas por más de 10 000 soldados en total. El traslado del P. Sopoćko a Vilna representó un ascenso para él, pero a la vez significaba mayor cantidad de deberes y una responsabilidad mayor. El servicio pastoral del Padre Sopoćko como capellán militar fue muy apreciado por el Mariscal José Pilsudski.

A pesar de sus numerosas tareas pastorales, continuaba con los estudios en la Facultad de Teología de la Universidad de Varsovia, preparando la tesis doctoral de teología moral titulada: “Familia en la legislación de las tierras Polacas”. Defendió su tesis el 1 de marzo de 1926. Después de doctorarse quiso escribir otro trabajo de investigación: esta vez se trataba de una tesis de postdoctorado. Los estudios exigían el conocimiento de idiomas, de ahí que P. Sopoćko empezara a aprender alemán, inglés y francés. La catequesis y las clases que el capellán militar, el P. Sopoćko, impartía a los soldados en ruso también gozaban de gran interés por parte de los fieles.

En los años 1927 y 1928, desempeñando todavía la función del director de la Asistencia Pastoral del Distrito Militar, le encargaron ejercer otras funciones de gran responsabilidad: la de padre espiritual en un seminario conciliar y la de director de la Cátedra de Teología Pastoral en la Universidad de Vilna.

Estas nuevas responsabilidades le obligaron a ir retirándose del servicio pastoral castrense. Como padre espiritual fue a la vez moderador de la Cofradía Mariana, del Grupo Eucarístico, de la Tercera Orden Franciscana y del Grupo de los Clérigos de la Unión Misionera del Clero. 

Otro ministerio simultáneo que prestó durante toda su estancia en Vilna, fue el de la confesión de las monjas. Cuando fue exento parcialmente de la pastoral castrense, sus deberes consistían en impartir cursos y realizar estudios, además de la función de ser padre espiritual en el seminario. 

Como en esa época carecían de libros adecuados, él mismo preparaba los apuntes para sus cursos, los cuales eran copiados por los estudiantes y sirvieron así de material educativos durante mucho tiempo. Los estudios del Padre Sopoćko estaban relacionados, sobre todo, con su tesis de postdoctorado y se referían a cuestiones de educación y formación espiritual. 

Para poder recopilar el material necesario para ese trabajo, en verano de 1930 fue de viaje para visitar las bibliotecas principales de los países de la Europa Occidental. El viaje resultó ser muy fructuoso para el P. Sopoćko, tanto desde el punto de vista científico como religioso. Al mismo tiempo visitó los lugares de culto y los centros de la vida religiosa de varios países. 

A parte de preparar su tesis, escribía artículos científicos y de divulgación científica en el campo de la teología pastoral, artículos de enciclopedia eclesiástica, también, impartía conferencias científicas y se dedicó al periodismo.

Comprometido cada vez más en el trabajo científico, pidió al Obispo Castrense y al Arzobispo, la exención del servicio de capellán y de la función de padre espiritual. Después de un tiempo, los dos dieron su permiso para la exención de esos servicios.

En septiembre de 1932, el padre Sopoćko se mudó al convento de las Hermanas de la Visitación, donde terminó de escribir su tesis de posdoctorado titulada: “Objetivo, sujeto y objeto de la educación espiritual según M. Leczycki”. Defendió la tesis el 15 de mayo de 1934. Después el Ministerio de Cultos, Religiones y Educación Pública le nombró profesor adjunto de la Universidad de Varsovia, y después de recibir este título le trasladaron a la Cátedra de Teología Pastoral de la Universidad de Stefan Batory de Vilna.

El Padre Miguel Sopoćko empezó a ser confesor de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en 1932. Dicha congregación tenía por aquel entonces su casa conventual en Vilna (Lituania). Ahí conoció a sor Faustina Kowalska, la cual en mayo de 1933, después de llegar a Vilna, empezó a ser su penitente. Ese encuentro fue fundamental en la vida del padre Sopoćko, especialmente para su futura misión.

Al encontrar en el Padre Sopoćko un confesor ilustrado y un director espiritual, sor Faustina, cada vez con más frecuencia, empezó a presentarle sus vivencias relacionadas con las revelaciones del Salvador Misericordioso. Por falta de tiempo, el Padre Sopocko le recomendó a sor Faustina que anotara sus experiencias interiores en un cuaderno. Posteriormente, él leería sus escritos. Así surgió el “Diario” espiritual de santa Faustina.

Sor Faustina, refiriéndose a las revelaciones del Salvador que había experimentado antes de llegar a Vilna y, que más tarde siguió teniendo durante su estancia en Vilna, le hablaba al Padre Sopoćko sobre los encargos que recibía de Jesucristo. Se trataba de pintar un cuadro con la imagen del Salvador Misericordioso. También le pedía que iniciara pasos para que se estableciera en la Iglesia la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua; también le pedía la tarea de fundar una nueva Congregación Religiosa. Con el paso del tiempo resultó que la Providencia Divina confió la realización de estas tareas al Padre Sopoćko.

En julio de 1934, el P. Sopoćko fue nombrado rector de la iglesia de San Miguel en Vilna. En años posteriores ese hecho tuvo una gran importancia. Fue justamente en esa iglesia donde el 4 de abril de 1937 – cumpliendo el deseo expresado por Jesucristo - fue bendecido y colocado el primer cuadro con la imagen de Jesús Misericordioso.

Sor Faustina abandonó Vilna en marzo de 1936. El Padre Sopoćko siguió manteniendo el contacto asiduo con ella mediante cartas y visitándola en Cracovia (Polonia); de ese modo, realizaban la tarea de dar a conocer al mundo el misterio de la Divina Misericordia, que les había sido confiada a los dos. El Padre, basándose en la doctrina de la Iglesia, buscaba argumentos teológicos que explicaran la existencia del mayor atributo de Dios, la cualidad de la misericordia en Dios, y buscaba fundamentos para instituir la Fiesta de la Divina Misericordia, según las indicaciones reveladas en las visiones. Los resultados de sus estudios y los argumentos para establecer la Fiesta de la Divina Misericordia, los presentó en varios artículos, en revistas teológicas y en varios trabajos acerca del tema de la Divina Misericordia.

En junio de 1936 en Vilna, publicó el primer folleto titulado “Divina Misericordia” con la imagen de Jesucristo Misericordioso en la portada. Envió esa publicación a todos los Obispos reunidos en la conferencia del Episcopado Polaco en Częstochowa. Sin embargo, no recibió ni una sola respuesta de ninguno de ellos. El segundo folleto titulado “Divina Misericordia en la liturgia” se publicó en 1937 en Poznań.

La idea de la Divina Misericordia estaba relacionada con la construcción de una iglesia en Vilna, bajo la advocación de la Divina Misericordia. En 1938 se convocó un Comité para la construcción de la Iglesia que en breve logró la aprobación del gobierno provincial y del Arzobispo R. Jalbrzykowski. 
Cuando estalló la guerra y entró el Ejército Rojo en Vilna, la nueva situación política paró y destruyó las actividades iniciadas. El ejército soviético robó los materiales para la construcción del templo. Desapareció también el dinero depositado en los bancos, destinado a la construcción. En 1940, el Padre Sopoćko intentó conseguir el permiso de las autoridades ocupantes para levantar por lo menos una capilla, pero no tuvo éxito.

La difícil situación de la guerra, que se extendía a otros territorios de Europa y que afectaba a gente de muchas naciones sembrando el mal, le reafirmaba en la convicción de la necesidad de la misericordia de Dios para el mundo. Fue entonces cuando el Padre Sopoćko empezó a difundir con más ardor, si cabe, la idea de la Divina Misericordia, en la cual veía la salvación para el mundo. 

Los párrocos de Vilna y de la provincia, le invitaban a dar conferencias. Durante la Cuaresma, en las misas celebradas en la catedral de Vilna predicaba sermones sobre la Divina Misericordia. Esas Misas atraían a multitud de fieles de toda Vilna y su fama se extendía por toda la ciudad.

En esa época, el padre Sopoćko comenzó a redactar un tratado sobre la Divina Misericordia y la idea de establecer un día para su celebración: “De Misericordia Dei deque eiusdem festo instituendo”. El cardenal Augusto Hlond, a quien el Padre Sopoćko le presentó sus investigaciones científicas acerca de la Divina Misericordia, le animó a trabajar en ese tema incluso antes de que empezara la guerra.

Mientras tanto, en junio de 1940, Lituania fue ocupada nuevamente por el Ejército Rojo y un mes más tarde fue incorporada a la Unión Soviética como su decimoquinta república. El Padre Sopoćko fue obligado a suspender los encuentros con los grupos organizados de los que se ocupaba. También lo imposibilitaron de publicar el tratado sobre la Divina Misericordia. Entonces fue cuando le ayudó Jadwiga Osinska, experta en filología clásica, que se ocupaba de los aspectos lingüísticos del tratado. 

Secretamente y con ayuda de sus amigos, se encargó de hacer copias del tratado. Posteriormente, se encargó también de que sus ejemplares llegaran a personas que tenían la posibilidad de salir de Vilna. De esta manera la obra del P. Sopoćko llegó a muchos países y, más concretamente, llegó a manos de numerosos Obispos de Europa y del mundo entero.

El Padre Sopoćko fue buscado por la Gestapo por difundir el culto y la idea de la Divina Misericordia. Avisado por la funcionaria de la oficina de registro logró escapar y evitar la detención. Por cuestiones de seguridad abandonó Vilna. Cuando el peligro pasó, volvió a Vilna y empezó las clases en el seminario, donde a pesar de las difíciles condiciones económicas y de alojamiento, comenzó el nuevo año académico 1940/41. De nuevo vivía cerca de la iglesia de San Miguel, donde antes se había colocado el cuadro con la imagen del Salvador Misericordioso, a la cual rendían culto los fieles.

El 22 de junio de 1941 estalló la guerra alemano-soviética. Vilna muy pronto quedó bajo una nueva ocupación. La población judía era especialmente discriminada. El Padre Sopoćko prestaba también ayuda económica y espiritual a los judíos. Esa manera de actuar le acarreó graves consecuencias, hasta el punto de poner en peligro su propia vida. La Gestapo encontró pruebas de sus actividades e incluso lo detuvieron durante varios días.

A finales de 1941, los alemanes intensificaron las persecuciones. El último domingo de Adviento, a causa de una supuesta epidemia, cerraron todas las iglesias de Vilna. Empezaron a detener a sacerdotes. 

El 3 de marzo de 1942 los alemanes emprendieron acciones contra ellos. Detuvieron a profesores y alumnos del seminario conciliar y a casi todos los curas que trabajaban en Vilna. Mientras ocurría la detención de los curas en el seminario, en el piso del P. Sopoćko los agentes de la Gestapo prepararon una emboscada.

Miguel Sopoćko, avisado por su asistenta, llegó a la Curia Arzobispal para informar al Arzobispo sobre el peligro existente. Pidió permiso para dejar de dar lectorados en el seminario y una bendición para el periodo de tiempo que iba a pasar escondiéndose. Disfrazado, abandonó Vilna para poder llegar hasta el convento de las Hermanas Ursulinas situado en Czarny Bor. 

Las Hermanas le brindaron ayuda, alojándolo en la casa que alquilaban al borde de un bosque. La Gestapo lo estuvo buscando por casi toda Lituania, preguntando por él, sobre todo en las casas parroquiales y entre los curas. 

A través de personas de confianza, el Padre Sopoćko recibió un carnet de identidad a nombre de Waclaw Rodziewicz. Desde entonces se hizo pasar por carpintero y ebanista que hacía herramientas simples y objetos de uso doméstico para la población local. Todos los días, muy temprano por la mañana celebraba la Santa Misa. Después le quedaba mucho tiempo para entregarse a la oración y la reflexión personal. Cada pocas semanas iba a casa de las hermanas de Czarny Bor para confesarlas. Además, se dedicaba al estudio, profundizando en los libros o lecturas que le proporcionaban Osinska y sus compañeras. 

En otoño de 1944 y a pesar de las difíciles condiciones de vida, el Arzobispo Jalbrzykowski ordenó el comienzo de las clases en el seminario conciliar. Después de vivir dos años de incógnito, el P. Sopoćko volvió a Vilna y empezó con los deberes asignados. Todos los domingos, junto con los otros profesores y los estudiantes, iba a las parroquias de los pueblos para recoger las ofrendas en forma de frutos de la tierra y del campo, para que los estudiantes pudieran sobrevivir en el seminario. 

El Padre Sopoćko ejercía el servicio pastoral también fuera de Vilna, lo que le brindaba la oportunidad de difundir la idea de la Divina Misericordia. Las autoridades de las Repúblicas, a pesar de la actitud antirreligiosa del régimen comunista, en un principio toleraban las actividades pastorales de los sacerdotes. Sin embargo, poco a poco empezaron a limitar su trabajo, sobre todo en lo referente a la catequización de los jóvenes y los niños. Aunque los encuentros se organizaban en secreto, las informaciones llegaban a las autoridades. Al P. Sopoćko le llamaron a la comisaría. Hubo riesgo real de que se le impusieran sanciones y de que pudieran mandarlo a Siberia.

Al mismo tiempo, en julio de 1947 en Białystok, el P. Sopoćko recibió del arzobispo R. Jalbrzykowski la orden de ir a trabajar a Polonia. De ahí que decidiera abandonar Vilna cuanto antes, sobre todo porque terminaba el plazo de la repatriación de los polacos de Lituania. Antes de marcharse, con la falsa esperanza de que su estancia fuera de Vilna sería muy corta, visitó la capilla de la Madre de Dios de la Misericordia en Puerta de la Aurora y a finales de agosto de 1947 emprendió el viaje hacia Białystok. Fue el último transporte de población polaca a Polonia. Nada más llegar a Białystok el Padre Sopoćko se puso en contacto con el arzobispo Jalbrzykowski para recibir las instrucciones de las nuevas funciones y cargos que debería desempeñar. 

A finales de septiembre de 1947 salió por unos días a Myślibórz, donde Jadwiga Osinska e Isabela Naborowska (las primeras madres de la Congregación) organizaban los principios de la vida en la nueva comunidad religiosa. 

Fue el primer encuentro con las hermanas desde que abandonaron Vilna. Desde entonces mantuvo el contacto asiduo con las hermanas, sirviéndoles con sus consejos, y asistencia espiritual y material.

En octubre de 1947 comenzaron las clases en el seminario conciliar en Białystok. El Padre Sopoćko impartía los mismos lectorados que en Vilna (Lituania): catequesis, pedagogía, psicología e historia de la filosofía. El trabajo en el seminario no se limitaba únicamente a los lectorados. Era también el confesor de los seminaristas. Organizó muchos retiros para ellos. A la vez llevaba la asistencia pastoral, religioso-social y educativa del seminario. 

Una parte muy importante de su actividad era el trabajo educativo para formar la actitud de sobriedad en la sociedad. La labor que más apreciaba y que más le absorbía fue la propagación del culto de la Divina Misericordia. Se entregó completamente a su realización y le fue fiel hasta el final. 

No se desanimaba con la resistencia de las autoridades eclesiásticas en la aprobación del culto, cuyo motivo fueron las irregularidades y espontaneidad del desarrollo del culto de la Divina Misericordia. Todo aquello fue causado por diferentes publicaciones que a menudo interpretaban erróneamente la idea de la Divina Misericordia. El P. Sopoćko corregía los errores y aclaraba los fundamentos teológicos de dicho culto.

Como en Vilna, también en Białystok, Padre Sopoćko fue el confesor de las hermanas. Confesaba, entre otras, a las hermanas de la Congregación de las Misioneras de la Sagrada Familia, cuya casa estaba en la calle Poleska. Cuando iba ahí con la asistencia pastoral vio la posibilidad de extender su asistencia al vecindario. Gracias a sus esfuerzos, el 27 de noviembre de 1957, el día de la Fiesta del Cristo el Rey, en la casa de las Hermanas se celebró la bendición de la capilla de la Sagrada Familia.

Cuando se jubiló se alojó en la casa de las Hermanas donde ejercía la asistencia pastoral para el vecindario. La rica personalidad del P. Sopoćko, su espiritualidad y autoridad, resultado de su larga experiencia, sumado a la gran modestia personal que poseía, atraía a los fieles. 

A finales de los años 50, el P. Sopoćko tomó la iniciativa de construir una iglesia, esta vez en Białystok. Para ello, adquirió un terreno con una casa, cubriendo prácticamente él la mitad de la financiación de la compra con sus ahorros. El Padre Sopoćko relacionaba dicho proyecto con los planes que tenía de construir un templo dedicado a la Divina Misericordia. Sin embargo, esta vez tuvo que aceptar su fracaso.

Durante un retiro sacerdotal al que asistío en 1958, sufrió una lesión de un nervio facial. Desde entonces le costaba mucho esfuerzo hablar en voz alta delante de un público numeroso. Por otra parte, en febrero de 1962, cuando se dirigía a Zakopane (Polonia) para participar en un congreso de profesores de teología pastoral, un accidente de coche que sufrió dejó también deteriorada su salud. En esa situación se vio obligado a jubilarse. La jubilación repentina sorprendió al P. Sopoćko. Él, que siempre había estado tan activo, totalmente entregado a su trabajo, por primera vez en su vida, sin contar la temporada que pasó oculto en Czarny Bor, tenía tiempo ilimitado para sí mismo.

Mientras ejercía la pastoral en la capilla de la calle Poleska, se dedicaba también a terminar las publicaciones que tenía iniciadas acerca de la difusión de la Divina Misericordia. Al tener más tiempo libre, se dedicó pues a profundizar en la idea de la Divina Misericordia.

Tenía ya mucho material recopilado, con varias redacciones ya empezadas y nuevas reflexiones, con lo cual empezó a escribir libros. El resultado fue una gran cantidad de obras, entre las cuales destaca la obra en cuatro tomos “La Divina Misericordia en sus obras”, que actualmente se está traduciendo a varias lenguas, entre otras al español. Pero por aquel entonces, esa obra fue traducida al inglés y publicada gracias a la generosidad de personas que permanecían en la Europa Occidental, y se interesaban por el tema de la Divina Misericordia. El primer tomo en polaco se publicó en Londres en 1959 y los tres restantes en los años 60 en París.

Una circunstancia importante que levantaba el ánimo y fortalecía la dedicación del P. Sopoćko fue el hecho del desarrollo continuo de la devoción a la Divina Misericordia y el interés suscitado por este atributo de Dios entre los teólogos. Otro impulso importante que le animó a seguir trabajando en esta línea a favor de la Divina Misericordia fue el comienzo del proceso informativo de sor Faustina Kowalska en 1965 por el arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla. El Padre Sopoćko también estuvo comprometido en el proceso como testigo.

El padre Sopoćko llegó a celebrar unos conmovedores aniversarios de los 50 y 60 años de sacerdocio. En opinión de los fieles presentes en la celebración, fue un premio moral muy tardío para el venerable sacerdote benemérito de la causa Divina, sobre todo gracias al divulgar el culto a la Divina Misericordia. La única señal de reconocimiento por sus múltiples méritos para la Iglesia y la arquidiócesis de Białystok fue el hecho de nombrarle canónigo del Capítulo de la Basílica Metropolitana, nombramiento que ocurrió ya a finales de su vida, en 1972.A lo largo de toda su vida el padre Sopoćko fue un hombre con un sólido fundamento espiritual. Cuando le fallaron sus capacidades físicas y le llegaron sus deficiencias, la dimensión espiritual fue donde intensificó su compromiso y empeño para el servicio de Dios.

Las citas de las lecturas que dejó en su “Diario” demuestran que así entendía su último servicio a la Iglesia: 

“La vejez hay que tratarla como una vocación de mayor amor a Dios y al prójimo. Dios tiene reservado para las personas ancianas nuevos planes para profundizar en el conocimiento del hombre, a través de revelarles su propia vida interior cara a cara. El único medio eficaz del que somos capaces, es la oración. En esa pasividad activa todo se está preparando, todo se está decide, todo se está desarrollando. El cielo consistirá en rezar la oración del PADRE NUESTRO”. 

A pesar del empeño recíproco que se hizo para que pudiera pasar el último periodo de su vida en la casa general de la recién fundada Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso en Gorzów Wielkopolski, el Padre Sopoćko permaneció en Białystok hasta su muerte, debido a los problemas de salud que le habrían hecho bastante difícil adaptarse a un entorno nuevo. Murió en la noche del sábado, 15 de febrero de 1975, en su habitación de la calle Poleska, el día de san Faustino, el santo patrón de sor Faustina Kowalska, sin poder llegar a ver la aprobación de las nuevas formas de culto de la Divina Misericordia por parte de las autoridades eclesiásticas.

En 1959, la Congregación del Santo Oficio (hoy llamada Congregación para la Doctrina de la Fe), debido a la divulgación de unas traducciones erróneas, prohibió la propagación de estampas y de los escritos que presentaban el culto de la Divina Misericordia en las formas que transmitió santa Sor Faustina. El P. Sopoćko se subordinó con humildad a esta decisión, dedicándose a partir de entonces sobre todo a sus trabajos académicos, para tratar de fundamentar una bases teológicas para este culto.

No fue hasta haber transcurrido tres años después de la muerte del padre Sopoćko – el 15 de febrero de 1978-, que se retiró la Notificación que prohibía la proclamación de las nuevas formas de culto de la Divina Misericordia. "El Santo Oficio, al tomar en consideración muchos documentos originales que se desconocían en el año 1959, y considerando que las circunstancias habían cambiado de forma relevante, y tomando en consideración también la opinión de muchos Obispos Ordinarios de Polonia, declaró que las prohibiciones contenidas en la Notificación antes mencionada ya no eran vinculantes".

La casa donde el Padre Sopoćko pasó el último periodo de su vida ahora pertenece a la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso. El piso del Padre Sopoćko ha sido convertido en un museo dedicado al Beato.

"La santidad no es sólo el privilegio de un grupo de elegidos, sino de todos, sin excepción, de los mayores pecadores"

"El Evangelio no consiste en pregonar que los pecadores deban hacerse buenos, sino que Dios es Bueno con los pecadores" (Beato Padre Miguel Sopócko)

“Es un sacerdote según Mi Corazón…por medio de él Me he complacido difundir el culto a Mi misericordia”. (D. 1256)

 

Bialystok, 28 de septiembre de 2008, el delegado del Papa Benedicto XVI, el Arzobispo Angelo Amato celebró la Beatificación del padre Miguel Sopocko. 

Por: Urszula Grzegorczyk, Sor Maria Kalinowska, de la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso.

Los textos se pueden copiar con el nombre completo de la fuente de origen
Traducción del texto en polaco: Danuta Zgliczyńska, Xavier Bordas.

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