Soy Devoto

En esta sección, los devotos podrán encontrar contenido que les permitirá profundizar e interiorizarse para crecer en la Devoción mediante los recursos que ofrecemos. 

A continuación presentamos un esquema opcional que expone sintéticamente el misterio de la Divina Misericordia. El esquema está dividido en tres pasos: 

1) La Iniciativa Divina

Dios recuerda a la humanidad que El es la misericordia misma.

  1. Nos pide el culto a su Divina Misericordia.-
  2. Nos urge darle este culto a su Divina Misericordia.- 

2) La Repuesta del Hombre. Para dar culto a la Divina Misericordia el Señor nos pide: 

  1. Confianza en la Divina Misericordia
  2. Obras de Misericordia con el prójimo

3) Las 5 Nuevas Formas Exteriores de Culto a la Divina Misericordia. Jesús nos revela y pide 5 práctias exteriores con las que podemos concretizar la confianza y las obras de misericrodia, y así, además obtener las grandes promesas dadas a cada práctica, dar verdadero culto a la Misericordia de Dios. Ellas son: 

  1. La Imagen de Jesús Misericordioso.
  2. La Fiesta de la Divina Misericordia.
  3. La Coronilla de la Divina Misericordia. 
  4. La Hora de la Misericordia.
  5. La Difusión de la Divina Misericordia.

( Libro "La Divina Misericordia prepara al mundo", P. Mauro Carlorosi co.)

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La Confianza

La primera y la más importante condición y exigencia vinculada con el culto a la Divina Misericordia es la confianza en la bondad y compasión de Dios. La Confianza en la Misericordia de Dios es la esencia del culto a la Divina Misericordia. La confianza es necesaria para obtener las gracias generales de la Misericordia de Dios y las demás gracias particulares prometidas por el Señor en esta devoción. La confianza es la madre de las obras buenas que son agradables a Dios, ella es la llave que nos permite abrir las puertas al manantial de la misericordia que Dios quiere derramar sobre nosotros.

En el Diario, Jesús no solo se refiere treinta y cuatro veces a ella, sino que hasta nueve veces la califica como condición indispensable para recibir todos los beneficios de la misericordia: Las gracias de mi misericordia se toman por un solo recipiente: la confianza (D. 1578). Por la confianza se obtienen gracias generales que abarcan no solo a las gracias santificantes, las gracias que nos hacen agradables a Dios, sino también a los bienes terrenales: La humanidad no encontrará la paz, hasta que no se dirija, con confianza a mi misericordia(D. 300). Por tanto la confianza es indispensable no solo para la salvación individual sino para el desarrollo constructivo social y la paz de la humanidad.

El papel vital de la confianza para la práctica del culto se encuentra en el Diario: Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias (D. 1578). Que no tema acercarse a Mí el alma débil, pecadora y aunque tuviera más pecados que granos de arena hay en la tierra, todo se hundirá en el abismo de Mi misericordia (D. 1059). Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia (D. 1146).

Si alguien reza la coronilla, venera la imagen, cumple los requisitos de la fiesta, etc., pero lo hace sin esta confianza, no solo no obtiene las gracias particulares prometidas por Cristo, sino que tampoco obtiene las gracias generales ni da culto a la Divina Misericordia, su acto es inexistente. Porque adorar la Misericordia de Dios es lo mismo que confiar en la Misericordia de Dios. Tanta es la importancia de la confianza que, sin otros actos concretos de la devoción, garantiza todos los efectos propios, las gracias generales de la misma: quien confía en Mi misericordia no perecerá, porque todos sus asuntos son Míos(D. 723). Implica por tanto los bienes para la salvación, santificación y los bienes terrenos: El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella (D. 1273).

Sin embargo, para recibir las gracias particulares prometidas por Jesucristo por la práctica de cada una de las cinco nuevas formas concretas de dar culto a su misericordia, deben realizarse las mismas con confianza en Dios y con el corazón orientado a las obras de misericordia al prójimo.

¿Qué es la confianza?

“En los escritos de sor Faustina, la confianza no es una virtud entre otras, sino la actitud integral que el hombre debe tener hacia Dios como Padre rico en misericordia. Está condicionada por las virtudes teologales: fe, esperanza y amor, y las morales: humildad y contrición, sin las cuales es imposible confiar en Dios, porque no se puede confiar en alguien a quien no se conoce, con quien no se cuenta, a quien no se ama. Tampoco se puede confiar, si al mismo tiempo uno no conoce sus propias debilidades y no reconoce el mal que ha cometido en su propia vida. La confianza no es, pues, ni un sentimiento piadoso ni una aceptación intelectual de las verdades de la fe, sino una actitud enraizada en la voluntad del hombre y que se expresa por el cumplimiento de la voluntad de Dios, contenida en los mandamientos, las obligaciones de estado o en las inspiraciones del Espíritu Santo que cada cual va discerniendo en su vida cotidiana”.

Además, la confianza incluye necesariamente la oración, el diálogo y el reposo en Aquel en quien pusimos nuestra confianza. La confianza, al decir del padre Ignacio Rozycki, es la espera voluntaria, humilde, inalterable y animada por la fe, en la benevolencia de Dios. En las reflexiones sobre la confianza profundizaremos más sobre esta condición fundamental del culto a la Misericordia Divina.

(Libro "La Divina Misericordia prepara al mundo", P. Mauro Carlorosi co.)

 

Las Obras

El amor activo al prójimo, la orientación de la vida hacia la caridad, el acudir al auxilio de Cristo oculto en el hermano necesitado, es el testimonio irrefutable de que amamos a Cristo y de que hemos puesto nuestra confianza en El. Solo así damos culto a su misericordia. La misericordia para con el prójimo que tanto pide el Señor en los evangelios y en esta devoción, constituye el segundo pilar del culto a la Divina Misericordia.

A semejanza de una cruz, quien se deja permear por la Divina Misericordia transforma su vida: en primer lugar por una dimensión vertical que es su relación con Dios marcada por la confianza; y, en segundo lugar, por una dimensión horizontal, que es su relación con el prójimo, marcada por las obras de misericordia. Por medio de esta imagen de una cruz, las dos dimensiones, confianza y obras, están indisolublemente relacionadas para dar culto a la Divina Misericordia.

Quien ha recibido el perdón, a su vez debe perdonar; quien ha sido consolado, debe llevar el consuelo a los demás; quien ha abierto su corazón a las infinitas gracias de la Misericordia Divina, debe sentir el deseo de ser siempre misericordioso para con los demás. En el Diario, Jesús propone a sor Faustina tres maneras de practicar la misericordia: a través de los actos, a través de la palabra y a través de la oración (cf. D.742).

La práctica de las cinco formas exteriores de culto a la Divina Misericordia (imagen, fiesta, coronilla, Hora de la Misericordia y difusión del culto) tiene que expresar la confianza y debe ir unido a la práctica de la misericordia para con el prójimo. Solo en este caso el devoto podrá beneficiarse de las promesas que Jesús vinculó a esta devoción. La práctica de las nuevas formas exteriores de culto a la Divina Misericordia exentas del fundamento de confianza y misericordia para con el prójimo podrían derivar en una espiritualidad superficial, caracterizada por un sentimentalismo religioso carente de contenido sólido, o en una actitud egoísta que está fuera de la voluntad de Dios.

Para que nuestras buenas obras sean obras de misericordia se deben realizar por amor a Jesucristo, que se identifica con cada hombre, porque –como dijo– cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí” (Mt 25, 40). Precisamente esa intención distingue la misericordia cristiana del amor natural o de la filantropía ejercida por motivaciones diversas.

Configurar la vida

Las obras de misericordia deben orientar nuestra vida; cambiar nuestro modo de pensar, actuar y hablar con respecto a los demás. Y el pedido del Señor supone desearlas sinceramente así como, en la medida de nuestras reales posibilidades, realizarlas.

Según santa Faustina, Jesucristo desea que todos los devotos de su misericordia hagan al día por lo menos una obra de amor hacia el prójimo y todas las que estén a su alcance (cf. D. 1155 a 1158). 

(Libro "La Divina Misericordia prepara al mundo", P. Mauro Carlorosi co.)


 

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La Imagen 

La Imagen de Jesús Misericordioso es el distintivo de la Divina Misericordia. Por medio de ella Jesucristo quiere hacernos visible, presente y actual la infinita Misericordia Divina. La imagen representa la infinita Misericordia de Dios Uno y Trino, manifestada por medio de Jesucristo, por eso puede llamársela indistintamente como Imagen de “la Divina Misericordia”, de “Jesús Misericordioso” o de “Jesús Divina Misericordia”. El Señor quiso ser pintado y donar gracias especiales por medio de esta ilustración suya. La imagen es fruto de un pedido explícito del Señor, posee promesas para quienes la veneren y tiene una relación muy estrecha con la Fiesta de la Divina Misericordia.

 

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La Fiesta

Jesús habló por primera vez a santa Faustina de instituir esta fiesta el 22 de febrero de 1931 en la ciudad polaca de Plock, en el mismo mensaje en que le pidió pintar su imagen. Le dijo: “Deseo que haya una Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer Domingo después de Pascua de Resurrección; ese Domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia” (D. 49).

Jesús le explicó a santa Faustina el motivo por el cual desea esta fiesta: “Las almas mueren a pesar de mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de mi Misericordia. Si no adoran mi Misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia” (D. 965).

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene el rango más alto dentro de todas las formas de culto de la Divina Misericordia en cuanto a la magnitud de las promesas y su posición en la liturgia de la Iglesia. Esta fiesta, siguiendo el pedido de Jesucristo, se celebra el último día de la Octava de Pascua, hoy denominado litúrgicamente como el Segundo Domingo de Pascua. Es una celebración litúrgica católica de carácter solemne que inicia con las vísperas (la tarde del sábado previo) y concluye con ese domingo.

El Señor pide la fiesta y habla de lo especial de dicho día y de lo que promete donar a quien acuda a ella con confianza: Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. […] La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua” (D. 699).

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (debidamente confesado) y recibir dignamente la eucaristía. No encontrará alma ninguna la justificación –explicó Jesús– hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” (D. 570)

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculó a la fiesta demuestran la grandeza de la misma: Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida recibirá el perdón total de las culpas y de las penas” (D. 300).

La forma de celebrar dicha fiesta está descripta en el Diario y consiste básicamente en una veneración litúrgica de la Imagen de Jesús Misericordioso. Jesús pide también, a través de sor Faustina, que este día los sacerdotes hablen de la insondable Misericordia de Dios y que los fieles reciban dignamente la eucaristía. Al cumplir con estos requisitos se harán acreedores de la promesa de la remisión total de las culpas y de las penas (no solo las penas temporales por los pecados cometidos como en el caso de la indulgencia plenaria). La gracia de la fiesta equivale a una completa renovación de la gracia bautismal en el alma. Para preparar debidamente esta fiesta, el Señor pide una novena (cf. D. 796) que consiste en rezar la Coronilla de la Divina Misericordia desde el Viernes Santo. A los que participen de este novenario el Señor prometió conceder toda clase de gracias.

Esta Fiesta de la Divina Misericordia fue incorporada en el calendario litúrgico católico por el papa san Juan Pablo II, el día 30 de abril del año Jubilar 2000, con motivo de la canonización de santa Faustina Kowalska. Tal incorporación fue comunicada oficialmente a toda la Iglesia por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos mediante el decreto Misericors et miseratur, el día 5 de mayo del año 2000.

El papa san Juan Pablo II le otorgó a la fiesta el don de la indulgencia plenaria, la cual fue confirmada por la Penitenciaría Apostólica mediante decreto del 29 de junio de 2002.

(Libro "La Divina Misericordia prepara al mundo", P. Mauro Carlorosi co.)

 

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Catequesis del padre Mauro Carlorosi CO, difusor de la Divina Misericordia, sobre la Fiesta de la Divina Misericordia. Realizada el Domingo de Pascua 12 de abril.

La Coronilla

La Coronilla de la Divina Misericordia es una oración enseñada por Jesucristo a sor Faustina, deseando que sea rezada por todas las personas. Al igual que en la veneración de la imagen, el rezo de la coronilla contiene una gracia especial que proviene del mismo hecho de ser un don de Dios: “las entrañas de mi misericordia se enternecen por quienes rezan esta coronilla” (D. 848).

Al rezar la coronilla ofrecemos a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero. Al unirnos al sacrificio de Jesús, apelamos a este amor con el que Dios Padre ama a su Hijo.

Esta forma exterior de dar culto a la Divina Misericordia está unida, como venimos diciendo, a la confianza y a las obras de caridad. De hecho, la misma oración de la coronilla se constituye en una de las siete obras de misericordia espirituales: orar por vivos y difuntos. La coronilla tiene un énfasis especial en los pecadores y los moribundos.

Esta forma de culto pedida por el Señor en el Diario recibe el nombre de rosario o Coronilla de la Divina Misericordia. Jesucristo enseñó esta oración a sor Faustina entre el 13 y el 14 de septiembre de 1935 (fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz) en Vilna (hoy capital de Lituania). Ella se encontraba en su celda cuando tuvo la visión de un ángel que venía a la tierra para castigar al mundo por sus pecados. Ella vio esto como un signo de la “ira divina”, y empezó a pedirle al ángel que se contuviera por algún tiempo de llevar a cabo sus propósitos, asegurándole que el mundo haría penitencia. Sin embargo, cuando ella se halló ante la majestad de la Santísima Trinidad, no se atrevió ya a repetir esta súplica. No fue hasta que sintió el poder de la gracia de Jesús en su alma, que comenzó a rezar con las palabras de una oración que iba oyendo interiormente. Así lo dejó escrito en su Diario: “Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados” (cf. D. 474-475).

Es el Señor quien le enseña a sor Faustina cómo debe rezarse la coronilla para impedir aquel justo castigo: con un rosario común, de modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro, el Ave María y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre Nuestro, dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero(D. 476).

Rezando la coronilla (sin agregar ni quitar nada a lo revelado por Cristo) pedimos “misericordia para nosotros y el mundo entero”, haciendo de este modo un acto de misericordia; y si es rezada con Confianza en la Misericordia Divina y cumpliendo las condiciones que deben caracterizar cada buena oración (la humildad, la perseverancia, la sumisión a la voluntad de Dios), los fieles podemos esperar el cumplimiento de las promesas de Cristo.

Promesas

Una promesa general y dos promesas particulares están vinculadas a la Coronilla de la Divina Misericordia. Jesucristo formula la promesa general en las siguientes palabras: “A través del rezo de este rosario obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con mi voluntad” (D. 1731), A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan” (D. 1541), “El Señor me ha dado a conocer que a través de esta oración se puede obtener todo” (D. 1128).

  • La primera promesa particular está dirigida a todo aquel que rece esta oración, y destaca la importancia que tiene para la hora de la muerte: Todo aquel que rece [la coronilla] se hará acreedor de gran misericordia a la hora de la muerte. [...] Hasta el pecador más empedernido, si la reza tan solo una vez, recibirá la gracia de mi misericordia infinita” (D. 687), A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte” (D. 754), “Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz” (D. 1541). El Señor da mucha importancia a este momento del paso de la vida terrena a la eterna y por eso promete a todo el que la rece con confianza y con corazón dirigido a la caridad fraterna, que por esta oración tendrán una muerte serena y sin temor no tendrán miedo. Mi misericordia las protegerá en ese último combate…” (D. 1540).
  • La segunda promesa se refiere a la persona agonizante por la cual el devoto quiera ofrecer su oración: Cuando cerca de un agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo” (D. 811). Y más adelante: me pondré entre el Padre y el alma agonizante, no como juez, sino como Salvador misericordioso” (D. 1541). Además, el Señor dice: Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes le obtendrán el mismo perdón” (D. 811).


 

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